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Transexuales de Centroamérica sueñan con recibir asilo en EEUU

Members of the LGBTQ community -who split from a caravan of Central American migrants heading to the US- arrive at the Diversidad Migrante (Migrant Diversity) NGO headquarters, which they will use as shelter, in Tijuana, Baja California state, Mexico, on November 11, 2018. - The group was helped by the local LGBTQ community to get transportation all the way from Mexico City to the border city of Tijuana. (Photo by Guillermo Arias / AFP)

AFP
Tijuana

Joanne Stefani, de 27 años, dejó su natal Honduras hace un mes y tras viajar en una caravana migrante ha llegado, junto con decenas de transexuales centroamericanas, a la ciudad mexicana fronteriza de Tijuana (noroeste) con el sueño de obtener refugio en Estados Unidos.

“Somos las más vulnerables, por discriminación, por miedo a que nos maten (…) Tuve amigas, muchas amigas que fueron asesinadas por homofóbicos y la policía militar”, comenta Joanne mientras está sentada junto a un depósito de agua de la casa en donde pasaron la primera noche.

El domingo pasado llegó un grupo de unos 75 transexuales y algunos homosexuales a Tijuana. Son de los primeros en alcanzar la frontera con Estados Unidos tras recorrer México como parte de una caravana que llegó a sumar unas 7.000 personas, según las Naciones Unidas, pero que se ha ido fragmentando.

“Dejé a mi madre y a mi hermana. La decisión la tomé de un día para otro”, recuerda Joanne.

En la casa hay migrantes de El Salvador, Honduras y Guatemala. Sus historias son similares, todas recuerdan episodios de odio y persecución, que será su principal argumento para solicitar refugio en Estados Unidos en momentos en que el presidente Donald Trump está decidido a detener las caravanas que recorren México.

Nunca había salido de su país y tampoco quería emigrar.

“No somos delincuentes, emigrar no es un delito, queremos un mejor futuro para nosotras y pensamos que en Estados Unidos podríamos tener esa oportunidad”, explicó.

En su recorrido han sufrido agresiones dentro de la misma caravana, a la que miles se sumaron, incluidas familias enteras y embarazadas, para sentirse más seguros a su paso por México, plagado de violencia criminal.

“Muchas chicas fuimos amenazadas de que nos querían matar”, denunció.

Con ayuda de unos abogados estadounidenses, consiguieron separarse de la caravana y alojarse en una casa de Playas de Tijuana. Pero el temor persiste.

“No podemos salir, tenemos miedo. Ayer a dos compañeras las amenazaron. Fueron a comprar y les dijeron que no podían salir a la calle, que si las miraban las iban a matar”, denunció.

El guatemalteco César Mejía, quien es homosexual, pide comprensión. “No venimos a molestar a los mexicanos”, dice.

En caso de que Estados Unidos les niegue el refugio, ya tienen planeado su siguiente paso.

“Nos regresamos a Ciudad de México, porque el presidente, tanto como el que está (Enrique Peña Nieto) como el que va a entrar en diciembre (Andrés Manuel López Obrador), nos prometieron que nos podía ayudar con documentación mexicana y con trabajo”, sostuvo Mejía.

El grueso de la caravana migrante pernocta este lunes en Guadalajara mientras que una segunda, también ya fragmentada, está llegando por pequeños grupos a Ciudad de México, seguida por una tercera.