Sáb. Ene 23, 2021

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Balaguer tenía razón

El doctor Joaquín Balaguer, junto a Lilis, pasaron a la historia como dos de los presidentes más pintorescos que ha tenido el país. De hechos existen decenas de anécdotas y su genialidad creativa para decir verdades que, pese a la dureza de la realidad, la gente las asimiló de forma natural.

De Balaguer se pueden recordar expresiones como “la corrupción se detiene en la puerta de mi despacho”, “si estoy en tercera me alegro porque con cualquier hit anoto” “este es un país rico, pobremente administrado” o “la constitución es un pedazo de papel”.

Sobre esta última frase he querido cifrar mi artículo de hoy pues el pasado 06 de noviembre conmemoramos el día de la Constitución dominicana, pero el feriado se movió al día de hoy. Es algo que no comparto, pero ya está establecido.

Tomando como fundamento el manifiesto del 16 de enero de 1844, ideado por los Trinitarios, surge la primera Constitución Dominicana, siendo puesta en vigor de manera formal y oficial el seis de noviembre de 1844, en la ciudad de San Cristóbal, diez meses después del grito de independencia.

Apenas se aprobó fue inmediatamente modificada a petición de Pedro Santana para integrarle el famoso artículo 210 que le otorgaba poderes ilimitados.

Desde esa fecha la constitución ha sido revisada 14 veces (1854, 1872, 1878, 1879, 1880, 1896, 1907, 1929, 1934, 1942, 1959, 1963 y 1966) y ha sido reformada o modificada 13 veces (1881, 1887, 1908, 1966, 1927, 1947, 1955, 1960, 1961, 1962, 1965, 1994, 2002, 2010).

Pese a todas esas revisiones y modificaciones, todavía está pendiente una nueva modificación para revisar el tema de la reelección consecutiva, el párrafo transitorio para quitar a Danilo el impedimento de un nuevo mandato, entre otras cosas.

En cada ocasión que a un presidente se le ha antojado modificar la Constitución lo ha hecho, sus mandatos se cumplen solo en el momento conveniente en una determinada coyuntura, la misma se respeta cuando conviene y se viola cuando conviene. Por esta razón me atrevo a decir con pena que Balaguer tenía razón.