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Con candela y puya…

En el año 1982 Salvador Jorge Blanco recibe un gobierno sumergido en una crisis económica y una crisis emocional por el suicidio del presidente anterior. La crisis se agudizó porque coincidió con otra crisis mayor en toda América Latina, de hecho los economistas llaman a la década de los ochentas “la década perdida”.

También la industria azucarera colapsó porque nuestros principales clientes, Estados Unidos y Europa, comenzaron a fabricar su propia azúcar a base de remolacha y maíz. En medio de la crisis Jorge Blanco decide firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que concitó un amplio rechazo de la sociedad.

El Fondo propuso algunas medidas entre ellas una reforma fiscal. En este orden se decidió tres cosas impopulares: se aumentaron los impuestos, se disminuyó el gasto y se devaluó la moneda. El aumento de impuestos conllevó a una subida de precios de los alimentos en términos generalizados. En 1984 el pueblo se lanzó a las calles porque cuando existe una crisis y se le pone más presión la gente busca la manera de expresarse porque ya dice el refrán “con candela y puya hasta el diablo suda”.

Desde esa época los gobiernos siempre han buscado la salida más fácil para resolver crisis y es la de aumentar impuestos.

Siempre se hacen reformas tributarias, no fiscales, porque son medidas destinadas a aumentar impuestos. Lo hizo Leonel en el 96, cuando gana Hipólito en el 2000 lo primero que propuso fue un paquetazo mediante la ley 147-00, y al regreso del PLD hicieron más “reformas fiscales” que todas las que se habían hecho desde el 1966 hasta la fecha.

Estas son las leyes que implicaron aumentos de impuestos: ley 288-04, 557,05, 496-06, 173-07, 139-11, casi una por año y cuando llega Danilo denuncia que había un hoyo fiscal de 187,000 millones de pesos equivalente al 8% del PIB y ya sabrán ustedes cual fue la salida: más aumento de impuestos.

Es evidente que estas reformas fueron promulgadas con el objetivo de remediar urgencias del momento y de aumentar las recaudaciones sin ser estructuradas con una visión de país a corto, mediano y largo plazo. A veces da la impresión de que la ciudadanía está en un constante “Acoso fiscal”.

Como si se tratara de un guión el gobierno actual intenta hacer lo mismo, pero con la gravedad de estar el país en medio de una pandemia que ha afectado seriamente la estabilidad económica no solo del país, sino de los individuos de forma particular.

La subida de impuestos no han servido para solucionar problemas fundamentales y asegurar mejores servicios públicos, por esa razón la población se siente frustrada porque no ve resultados que justifiquen su aplicación. Lo único que se observa es que en cada período los gobiernos pueden gastar lo que les dé su gana o robar todo lo que puedan porque eso se resolverá con aumentar los impuestos y el pueblo es quien paga los platos rotos.

Es importante que las nuevas autoridades entiendan que si bien recibieron un país en crisis también heredan una sociedad hastiada, con meses de encierro involuntario, sin producir dinero, y llevándoselos el mismo diablo. Esta sociedad tiene la fogata hecha y hasta con el choque de dos piedras que disparen algunas chispas se va a encender y ya vimos la prueba en este pasado fin de semana. Guarden los fósforos porque recuerden que “con candela y puya hasta el diablo suda”

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