Jue. Abr 15, 2021

Latino News

Noticias de Hazleton y el mundo

Fundado el 20 de mayo de 2013

Emociones no digeribles y enfermedades psicosomáticas

Cuando no nos expresamos a través del lenguaje verbal, el cuerpo se encarga de presentar su propio discurso. Por tanto, la calidad de nuestros pensamientos y sentimientos repercutirá en la calidad de nuestras emociones y, en consecuencia, en nuestra calidad de vida.

El ser humano es un todo integrado, sin una separación práctica entre mente y cuerpo. Por tanto, los procesos físicos no se disocian de los procesos mentales. Con base en este supuesto, todos sumamos en mayor o menor medida, dependiendo del evento de estrés, así como de nuestros recursos físicos y emocionales. Siguiendo esta línea de razonamiento, salvo las enfermedades congénitas, ninguna enfermedad es totalmente física o totalmente “mental”, ya que el ser humano es sistémico, presentando, por tanto, un abordaje multifactorial en la determinación de sus conductas, así como en el desarrollo de cualquier trastorno. En otras palabras, el hombre es biopsicosocial y espiritual. Cualquier teoría o concepto que no cumpla con esta multideterminación del hombre es reduccionista y no busca comprenderlo en su complejidad y singularidad.

Así, la calidad de nuestros pensamientos y sentimientos repercutirá en la calidad de nuestras emociones, y como el hombre no se disocia, el físico puede enfermarse por emociones mal elaboradas. Fundamental es un espacio para escuchar, siendo la verbalización un punto importante en el proceso de curación.

Cuando no nos expresamos a través del lenguaje verbal, el cuerpo se encarga de presentar su propio discurso y este es totalmente personalizado. No existe una “receta preparada” que explique matemáticamente que “dolor de espalda” significa esto, que “dolor de garganta” significa eso. En los procesos subjetivos, esta convicción es muy peligrosa, ya que la persona puede vincularse a un significado dispuesto y “huir” de los significados personalizados reales que originaron ese trastorno. Cada individuo tiene la capacidad de experimentar de una manera única, aunque existen explicaciones etopicológicas que contribuyen significativamente a dilucidar la forma de ser y sentir de un determinado grupo social.

De esta manera, lo cultural es solo una parte de un proceso global, y se necesita mucho cuidado para no reducir al hombre a un solo aspecto; siendo fundamental realizar un análisis funcional personalizado para evaluar cómo se procesa la vida diaria de la persona, para conocer cualquier comportamiento o condición disfuncional que pueda estar contribuyendo al desarrollo de ese trastorno específico. Por tanto, se deben tener en cuenta factores genéticos, ambientales, idiosincrásicos y de estilo de vida.
La gran mayoría de los “trastornos psicosomáticos” que desarrollamos están asociados con sentimientos disfuncionales como resentimiento, ira, odio, envidia, tristeza, dolor, culpa, frustración, miedo y falta de perdón. El perfil psicológico de las personas con somatización intensa son aquellas que están angustiadas, resentidas, reprimidas, tensas, ansiosas, inflexibles y controladoras.

Por tanto, hay que trabajar sobre las emociones disfuncionales, que poco a poco nos van envenenando, minando el sistema inmunológico y debilitando nuestro organismo. Resultado de esto: hemos abierto brechas para el desarrollo de algunas enfermedades, como úlcera gástrica, dolor musculoesquelético (por ejemplo, fibromialgia), enfermedades cardíacas, respiratorias, autoinmunes e incluso cáncer. De esta forma vale la pena reflexionar sobre la calidad de las emociones que a diario estamos alimentando ya que estas tienen el poder de curar y generar enfermedades.

La importancia del perdón
La cuestión del perdón debe profundizarse, ya que no liberarlo es terrible, y no se trata solo de religiosidad o incluso espiritualidad. Varios estudios científicos han demostrado cuánto odio, tristeza y falta de perdón plagan nuestro físico y nuestra existencia. Como informé en otro artículo, perdonar no es solo un acto de benevolencia hacia el otro, sino sobre todo de inteligencia hacia nosotros.

Este razonamiento viene del hecho de que es contraproducente seguir reverberando este mismo mal, es decir, no debemos rumiar nuestra desgracia, porque muchas veces quien causó el daño ni siquiera recuerda el hecho. En otras palabras, el único perdedor somos nosotros mismos. Por tanto, lo mejor es trabajar cada aspecto negativo de los “bombardeos de la vida” a los que estamos sujetos y, por tanto, desarrollar estrategias existenciales para cerrar las heridas emocionales cuando sea necesario.

Las emociones tóxicas
El trabajo constante de las llamadas “emociones tóxicas” tiene el poder de curar nuestras vidas, porque nos quitamos un peso de encima. Lo mejor que podemos hacer por nuestra salud es olvidar ese enfado, trabajar esa tristeza, volver a significar un evento que nos fue dirigido consciente o inconscientemente, posicionándonos como agentes activos del proceso.Esta actitud de no victimización nos trae otra perspectiva ante nuestro sentimiento de impotencia, de nuestras necesidades, frustraciones y crisis existenciales. Por eso, trabajemos cada dolor, resentimiento y descompensación, liberándonos de los lazos que obstaculizan una vida de calidad.
Mini 

curriculum:
Soraya Rodrigues de Aragão es Psicóloga, psicotraumatóloga, experta en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud. Escritor y conferenciante. Autor de 4 libros publicados. Sitios: www.sorayapsicologa.com y www.alquimiadavida.org. Correo electrónico: contato@sorayapsicologa.com. Instagram: soraya.psico