Sáb. Jun 19, 2021

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Laje es una corriente, no un debate

Laje es una corriente, no un debate

Siempre que se toca la discusión del Código Penal de la República Dominicana aparece el fantasma de las tres causales y con ello la confrontación de dos sectores de influencia en la sociedad, que son los grupos cristianos (pro-vida) y los grupos feministas a quienes ellos denominan pro-abortos.

Pero en medio de estas discusiones aparece una figura de personalidad avasallante que parece ser invencible en debates o entrevistas que concede a diferentes medios por su manera polémica de discutir estos temas para los que se ha preparado muy bien y ese es Agustín Laje. ¿Cómo se produce esta alianza cristianismo-Laje? Trataré de explicarlo.

En el año 2009 se reunieron en Estados Unidos representantes de diferentes iglesias cristianas: ortodoxa, católica y protestantes. En ese encuentro analizaban las amenazas que tenían la sociedad y las familias en la época contemporánea. Sus conclusiones fueron presentadas en un documento conocido como “La Declaración de Manhattan” y dentro de las cosas que decían amenazaban la sociedad y la familia se encontraban fundamentalmente tres: el aborto, el matrimonio entre personas de un mismo sexo y las agendas ocultas de organismos internacionales que promueven estas amenazas a través de las teorías de género que ellos llaman “ideología de género”.

Es así como en medio de ese debate surge la figura imponente de Agustín Laje, quien se dedicó a estudiar estos temas y debatirlos sin miedo en diferentes escenarios convirtiéndose así; en un aliado de las Iglesias Cristianas y los sectores conservadores en todos los países que visita.

Es importante señalar que Laje no se representa a sí mismo, sino a una corriente de neoconservadurismo que atribuye a los gobiernos de izquierda o socialistas la principal responsabilidad en la aprobación y promoción del aborto, el matrimonio gay y la ideología de género. Este neoconservadurismo también ha producido líderes de pensamiento rígido representado en las figuras de Donald Trump y Jair Bolsonaro creados por un asesor político conocido como Steve Bannon.

Entonces el éxito de Laje no reside necesariamente en su preparación profesional, que la tiene, sino en el hecho de asumir como defensa, temas que la sociedad les tiene un amplio rechazo, por consiguiente, todo el que se enfrente a él de antemano, perderá cualquier debate, porque lo que rije la sociedad contemporánea no es la crítica ni el análisis, sino las emociones, de ahí que, al día siguiente, la gente hablará de quien ganó o perdió el debate, pero no de lo que se dijo ni las ideas que se promueven.

El feminismo, el aborto, la homosexualidad y la izquierda son temas que la mayoría de la población rechaza y no admite, de ahí que se identifiquen con todo el que presente posiciones que confronten y critiquen esos temas, por eso Laje nunca perderá un debate, aunque no se haya comportado a la altura de las expectativas.

Lo que estamos viendo, no solo en Laje, no es al azar. Por ejemplo, Donald Trump sacó más de 80 millones de votos en Estados Unidos aun teniendo un discurso racista, conservador y antinmigrante; Bolsonaro ganó la Presidencia de Brasil también con un discurso misógino, racista y anti-comunismo, de manera que están ganando ventaja y posicionamiento quienes asumen un discurso no solo conservador, sino en contra de grupos específicos como las feministas y sus luchas o contra los gobiernos de izquierda. Laje nunca perderá un debate, porque quienes siguen y apuestan por este tipo de pensamiento cuentan con el apoyo de sectores sumamente influyente, con millones de seguidores y que a su vez apuestan por ello.

Aquí ya no se trata de conocer del tema, sino de una corriente de pensamiento que gana fuerza en una sociedad acrítica que, incluso, de antemano señala quien saldrá triunfante sin importar la calidad del oponente, por consiguiente ese populismo avasallante se impondrá por encima de la mejor conversación intelectual que pudiese gestarse ante dos personas, pero que la gente convierte en debate también por la influencia que ejerce el mismo que ama los debates y que busca darle a su público lo que ellos demandan, por eso es casi un semidiós.