Dom. Jun 20, 2021

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Los impactos psicológicos pueden causar un trastorno de adaptación

Los impactos psicológicos pueden causar un trastorno de adaptación

Nuestra vida está impregnada de una dialéctica constante y de continuos cambios. Cuando nuestras vidas cambian significativamente o cuando sucede algo traumático, parece que nuestro mundo se desmorona en mil pedazos. Nos sentimos absortos y ni siquiera sabemos por dónde empezar a organizar los escombros, ya que estos hechos nos reportan a un estado de sufrimiento intenso y significativo, que puede llevar a disociaciones, donde los recursos del yo se movilizarán como medio de supervivencia psíquica.
El trastorno de adaptación se caracteriza por síntomas depresivos y ansiosos derivados del impacto psicológico de un evento externo marcadamente estresante o catastrófico, y que cambia drásticamente la vida de la persona, de forma desagradable y duradera, generando sufrimiento patológico y psicológico, emocional y funcional.

Breves consideraciones sobre el Trastorno de Adaptación:
Nuestra vida está impregnada de una dialéctica constante que nos permite experimentar los contrarios. Estamos invitados a experimentar ambas caras de la moneda en nuestro viaje existencial. Alegrías y tristezas, victorias y derrotas, ilusiones y desencantos. Un estado no existiría sin su respectivo opuesto; y así comenzamos a equilibrar, construir y constituirnos con nuestra idiosincrasia, es decir, el conjunto de características que le son propias a cada individuo como persona única.
De esta manera, la interpretación y la respuesta conductual a ciertos eventos también es necesariamente personalizada.

Por otro lado, la vida es creativa y siempre presenta cambios. Estos necesitan un proceso de adaptación. Ciertos eventos como: Un divorcio que nos coloca en una situación de reconstrucción interna y externa, el desempleo que nos saca de nuestra zona de confort, el retiro que llega, generalmente trayendo una sensación de vacío e inutilidad; una hospitalización prolongada, una enfermedad crónica, cambios bruscos y no planificados, entre otros, pueden interferir con nuestros recursos emocionales, generando estrés, muchas veces acompañado de desmotivación, infelicidad y cambios disfuncionales según su gravedad e intensidad interpretativa personal. En este contexto entran las crisis existenciales que llegan sin previo aviso, como la muerte de un ser querido, el fin de una relación o incluso las idealizaciones que se habían construido y nutrido durante tanto tiempo.

Todo lo que termina, en general, y que provoca malestar psicológico, necesita una postura adaptativa para afrontar la nueva realidad que se presenta, con el fin de recuperar el equilibrio, el bienestar y la calidad de vida perdidos. Sería una especie de homeostasis emocional.
También podemos mencionar ganancias que pueden generar estrés, como cambios en el estado civil, el nacimiento de un hijo, o incluso un ascenso, porque si bien son positivas, también requieren de un proceso adaptativo por parte del individuo y también pueden ser fuente de estrés. Con respecto al trauma, ya sea por estrés físico o psicosocial, se deben realizar nuevas adaptaciones para construir una nueva realidad. Por lo tanto, nuestra vida cambia significativamente cuando sucede algo traumático. Parece que nuestro mundo se derrumba en mil pedazos, haciéndonos sentir absortos y sin siquiera saber por dónde empezar a organizar los escombros, ya que estos hechos nos reportan a un estado de sufrimiento intenso y significativo, que puede derivar en disociaciones, donde se movilizarán los recursos del ego como medio de supervivencia psíquica, donde ni siquiera reunimos la fuerza para empezar de nuevo. Necesitamos un aparato en este momento crítico.

Dependiendo de la gravedad y / o intensidad del evento, pueden surgir desequilibrios neuropsicobiológicos debido a una respuesta física y emocional mal adaptada. Esto nos moviliza a readaptarnos y reposicionarnos hacia la vida, basados en estrategias de afrontamiento efectivas, es decir, coherentes y adecuadas a esa nueva realidad y sus consecuencias. Cuando no se logra este objetivo, el organismo comienza a responder a eventos estresantes de manera inadecuada, resultando, por tanto, los síntomas característicos del trastorno adaptativo, con quejas emocionales y somáticas. El sufrimiento comienza a materializarse en el propio cuerpo. Algunos rasgos de personalidad y factores característicos del individuo contribuyen a la ocurrencia y agravamiento de la condición adaptativa, ya que hay personas que son psicológicamente más frágiles ante eventos traumáticos y estresantes. Por tanto, cada persona tiene una forma particular de percibir y gestionar los cambios, sean desagradables o no.

Por tanto, es necesario trabajar la pérdida y el sufrimiento psicológico para que un trastorno de adaptación no se convierta en una condición depresiva, ansiosa o mixta. El trabajo preventivo es la palabra clave a la hora de cambiar. Y dado que todos estamos sujetos a ellos, siendo una constante en nuestras vidas, ¿por qué no trabajar en las posibilidades que nos rodean, ya sean pérdidas o ganancias? Parece redundante, pero estoy de acuerdo con el dicho: “es mejor prevenir que curar”