Sáb. Jun 19, 2021

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¿Tiempo de empatía o protagonismo individualista?

¿Tiempo de empatía o protagonismo individualista?

No alimentar las expectativas de la gente parece algo bastante discutido, ¿no es así? Entonces, ¿por qué hay tanta gente desilusionada, decepcionada y frustrada? ¿Dónde está la brecha entre la conciencia y la internalización de actitudes empáticas en nuestros comportamientos en la vida práctica?

Las personas juegan un papel fundamental y estructurador en nuestras vidas, ya que para constituirnos como seres humanos necesitamos de los demás para el desarrollo de nuestros recursos psicológicos y para el establecimiento y fortalecimiento de vínculos. En otras palabras, necesitamos de las personas para la formación de nuestra “psique”, para la constitución de un ser humano.

Aunque sea solo con un grupo restringido o solo con una persona, el hombre necesita de vínculos y afecto, un sentimiento de pertenencia. Sin embargo, si bien existe la necesidad de esta estructuración de lazos afectivos y de pertenencia, el ser humano necesita lograr una cierta independencia emocional, salir del posicionamiento arcaico e infantil, no alimentar ilusiones y expectativas de otras personas (principalmente las infundadas) y esto es un supuesto para buena salud mental y equilibrio psicofísico.
Hoy en día las personas solo hacen lo que les conviene y no quiero generalizar en ningún momento que haya personas sin valores que las guíen en sus comportamientos y posturas bajo determinadas condiciones. Sin embargo, incluso en circunstancias específicas, he observado un solipsismo exacerbado.

Puede parecer cruel, pero es la pura realidad. Y no necesitamos tanto para verificar esta verdad, basta ver cómo se relacionan las personas hoy, donde son protagonistas y otros son una extensión para la satisfacción de sus “egos”. Interesante es la contradicción que tanto habla por la “supresión del ego”, a medida que nos volvemos cada vez más egoístas, reactivos e individualistas.

Afortunadamente, todavía hay personas que piensan en el bien común, que sienten empatía y amor por los demás. En un momento en el que hemos sido testigos de un arsenal teórico de orientaciones morales, evaluativas y filosóficas, de sesgos espiritualistas y cuánticos, en el momento de la práctica, toda la teoría parece desmoronarse, cada uno solo hace lo que le conviene, perdemos el compromiso de otro. Somos individualizados, pero no debemos ser individualistas. La percepción que tengo es que estamos en un cluster desorganizado, en un caos relacional inédito, sin manos, en un “salvo quien pueda” donde perdemos estabilidad, la sana cohesión de nuestras relaciones, en el que no queremos ceder un poco del lugar individual al equilibrio del todo.

Necesitamos que otros compartan nuestra felicidad, porque como seres sociales necesitamos compañía, ternura, cariño, socialización por mucho que queramos estar solos. Pero, ¿existe realmente la socialización o ponemos a los demás en un segundo plano, donde somos protagonistas?
Quizás el vacío existencial que azota a la humanidad se deba a esta pérdida de valores y referentes en los que teníamos auténticos vínculos afectivos con los demás. En un momento, estábamos con otros; hoy debemos ser apreciados por los otros.