Mié. Nov 25, 2020

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Las plataformas sociales nuclearizan la política estadounidense

La redes sociales han nuclearizado la propaganda política estadounidense y durante esta campaña electoral han creado burbujas que dividen al país en realidades totalmente dispares y ponen en serio riesgo el futuro de la democracia estadounidense si los resultados del 3 de noviembre son disputados.

Facebook (incluida su filial Instagram), Twitter y Youtube, las plataformas de internet más populares en Estados Unidos, llevan tiempo intentando contener la difusión de desinformación y de los discursos de odio sin cambiar los fundamentos de un modelo de negocio lucrativo y en alza; un ejercicio de equilibrismo cada vez más difícil de conseguir.

Twitter, la plataforma favorita del presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido la más tajante a la hora de marcar como desinformación mensajes del propio mandatario o de su campaña, eliminar cuentas falsas destinadas a ampliar el mensaje de ciertos actores que intentan influir en los comicios y para coartar la expansión de movimientos de extrema derecha.

Facebook ha tomado una postura más templada y ha prohibido la propagación de grupos que han incitado a la violencia o anuncios y mensajes de conspiraciones que tienen la intención de exacerbar el discurso político, como QAnon. Youtube ha adoptado medidas similares y ha negado vías de monetización a predicadores del odio que medraron en su portal durante años.

Realidades paralelas

‘Facebook crea realidades paralelas que hacen que sea aceptable deshumanizar al otro. Tienen que cambiar y comportarse como una corporación responsable’, indicó recientemente Derrick Johnson, presidente de la principal asociación que representa los intereses de las personas de color en Estados Unidos, la NAACP.

La capacidad de adaptar el contenido algorítmicamente a las preferencias de cada usuario ha creado ‘burbujas’ o ‘cámaras de eco’ que literalmente presentan mundos alternativos a diferentes grupos de personas y en estas elecciones permiten que cada partido demonice al contrincante sin que se presenten opiniones contrapuestas.

En una entrevista con Efe, el profesor de la Universidad de Carolina del Norte Daniel Kreiss, especializado en procesos electorales y tecnología, explica que el gran salto de las campañas hacia el mundo digital se dio en 2008 con la candidatura del entonces senador demócrata Barack Obama, y desde entonces los anuncios digitales han sido el área de mayor crecimiento de gasto de las campañas.

Al margen de la publicidad pagada, otra tendencia de los últimos años en internet ha sido el uso de las redes sociales para lograr contenidos orgánicos, es decir, compartir contenidos gratuitamente con la esperanza de que sus seguidores los viralicen, detalla Kreiss, quien apunta al actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, como el mejor ejemplo.

Fotografía de una pantalla de ordenador donde se ve propaganda política en redes sociales el 19 de octubre de 2020, en Nueva York (EEUU). La redes sociales han nuclearizado la propaganda política estadounidense y durante esta campaña electoral han creado burbujas que dividen al país en realidades totalmente dispares y ponen en serio riesgo el futuro de la democracia estadounidense si los resultados del 3 de noviembre son disputados. Facebook (incluida su filial Instagram), Twitter y Youtube, las plataformas de internet más populares en Estados Unidos, llevan tiempo intentando contener la difusión de desinformación y de los discursos de odio sin cambiar los fundamentos de un modelo de negocio lucrativo y en alza; un ejercicio de equilibrismo cada vez más difícil de conseguir. ( EFE/ JAIRO MEJÍA)Campañas políticas casi personalizadas

‘Trump tiene una habilidad única para fijar la agenda de actualidad de forma orgánica en Twitter. No necesita pagar anuncios; cualquier cosa que comparta pasa a dominar la agenda mediática de forma instantánea’, apunta el profesor.

La utilidad fundamental de las redes sociales para las campañas políticas -y de las ingentes cantidades de datos sobre los usuarios que estas les aportan- es identificar con precisión quiénes son los simpatizantes de cada partido, y a partir de ahí, movilizarlos para hacer de voluntarios, donar dinero y, por supuesto, votar.

Pese al énfasis en ‘despertar a las bases’, Kreiss asegura que no se puede menospreciar el papel que los datos desempeñan para escarbar en la bolsa de votantes que pueden ser persuadidos, una bolsa pequeña -el experto la calcula de en torno al 10 % del electorado- pero que puede ser determinante.

Esta bolsa de los ‘persuadibles’ no está compuesta necesariamente de indecisos, sino también de gente que tiene algunas opiniones políticas que no terminan de ajustarse a la línea general de su partido y que, por tanto, si se logra identificarlos y hacerles llegar un mensaje casi personalizado, pueden cambiar el sentido de su voto.

Algunos ejemplos serían un votante tradicionalmente demócrata pero opuesto al aborto a quienes los republicanos puedan persuadir si logran encontrarlo, o un republicano que sea partidario de endurecer el control de las armas de fuego.Las conspiraciones y la violencia

Tras la campaña basada en datos de 2012 y la injerencia rusa y las operaciones de guerra psicológica de 2016, este período electoral va a estar marcado por la aparición de grupos ultras en plataformas de internet que se congregan en torno a doctrinas extremistas o conspiraciones sin base en los hechos y que en varios casos se han traducido no solo en protestas y contraprotestas, sino también en choques violentos con muertos.

Facebook ha limitado el contenido relacionado con QAnon, que sostiene que Trump quiere ser derrocado por un grupo secreto de la élite que viola a niños y bebe su sangre para vivir más años, por ser similar a ‘un movimiento social militarizado’, mientras que Youtube tomó medidas parecidas la semana pasada, porque promueve ‘contenido que ataca a individuos o grupos con teorías conspiratorias que son usadas para justificar violencia en el mundo real’.

Estas peligrosas tendencias toman un cariz aún más amenazante si se tiene en cuenta que Trump ha sugerido que disputará la legitimidad del resultado electoral si no emerge como ganador la noche del 3 de noviembre, algo que podría servir de chispa para miles de personas que a diario son bombardeadas con mensajes que, en ocasiones, hablan con una ligereza preocupante de un enfrentamiento civil a gran escala en la democracia moderna más exitosa del mundo.